HOMBRE ESPEJO
HOMBRE ESPEJO
Cuando era pequeño, convivía más con mi madre, -me decía un amigo-, un día, acompañé a mi padre a uno de esos grandes y lujosos centros comerciales, descendimos del auto, era de noche, a la entrada de este centro se encontraba un indigente con la mano extendida, nos detuvimos, mi padre lo observó, me empujó y dijo:
Enseguida te alcanzo, se dirigió al mendigo, yo, desde el interior lo observaba ya que la luz exterior, era más intensa, se inclinó ante el mendigo y en vez de limosna, le estrechó fuertemente las mano poniendo además, su mano izquierda sobre los dos puños, mi padre en cuclillas, la otra persona sentada a flor de piso, les vi charlar como grandes amigos, mi padre, al ponerse de pié, saco su billetera y puso en la mano de aquel hombre, una tarjeta de visita o presentación, no vi, que le diera billete alguno.
Poco tiempo después, volvieron al apretón de manos, antes de traspasar mi padre la puerta giratoria, se despidió con la palma derecha en señal de un... ¡Hasta pronto!. Al reunirse conmigo, me tomó por encima del hombro, me apretó fuertemente y pegado a mi oído me dijo: -No voltees -Pero... ¿quién es ese hombre? -pregunté -un amigo, contestó. Volví a interrogar -el es un mendigo ¿o no?
-si hijo, él, era el dueño de la empresa, cuando yo era joven...
Rhandi Reynard
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