NOBLE COYOTE
Con todo mi cariño y amor, a la
Duqueza... fiel hasta su muerte.
Rhandi Reynard
Aullaban los coyotes en el monte
como si sus aullidos presagiaran
la suerte de mí amada agonizante
que la vida y la muerte la peleaban.
Quería llegar cuanto antes a su casa
para que de mis manos recibiera
el suero que en el monte noble anciana
con gran esfuerzo y manos preparara.
A cada medio metro recorrido
sentía como subir veinte peldaños
a escasos pocos metros, caí desvanecido
tal vez por mi ansiedad o por mis años.
De pronto los coyotes me rodearon
sin intención de daño en su mirada
todos al unísono al pueblo aullaron
como suena una voz desesperada.
Nadie acudió jamás a donde estaba
y el suero bendito en cantimplora
quería que volara... donde ella estaba
esperando que alguien la salvara.
Se me acercó un coyote compasivo
como si ya de tiempo me estimara
miró mi rostro un poco confundido
y yo acerqué su hocico hacia mi cara.
Colgué la cantimplora ante su cuello
–corre veloz al pueblo... es para ella
él me miró muy tierno en gesto bello
y corrió veloz... como centella.
Escuché distante ese su aullido
seguido por disparos de escopeta
inundando la noche, un alarido
cual grito de victoria por su meta.
Me encaminé hacia el pueblo con dolor
pero con pasos firmes y seguros
lo encontré vivo, lo abracé con amor
y el brillo de sus ojos, quedó oscuro.
Salvó la joven vida de mi amada
pero murió por miedo de un vecino
que no entendió el mensaje cuando aullaba
y descargo su miedo de asesino.
Ha quedado el recuerdo permanente
todas las noches se oye aquel lamento
aullidos del coyote... gran gigante
al que le di las gracias, y un, lo siento.
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