Blogia
Rhandi Reynard

SU DULCINEA SU JOSEFINA

La charla de un hombre joven

y bella dama yo escuchaba.

 

 Él –Quiéreme un poco mi bella Dulcinea

acepta mi querer de enamorado.

 

 

Ella –No seas iluso, a ti no puedo amarte

busca a otra que en verdad te quiera.

 

 

Él – ¿Cómo he de conquistarte Josefina?

si sólo pienso en ti como mi amante.

 

 

Ella –Aleja tus manos de mi espalda

por amor propio... sé sensato.

 

 

Él – ¿Hablas de sensatez a mi querencia?

si amar a una mujer, ni Dios se opone.

 

 

Ella –Deja mi carne... no me acaricies

ya que como mujer... habrá respuesta.

 

 

Él –Deja que ocupe desnudo... tu aposento

y ese especial perfume me adormile.

 

 

Ella –¡Alto! te ordeno... no prosigas

que entre más insistente me provocas.

 

Él –Es lo que quiero mujer para mi suerte

déjame que penetre a tus entrañas.

 

Ella –Sólo acéptame un beso... ya me voy

no sirven tus motivos para ser tuya.

 

Él – ¿Acaso mis brazos son muy fuertes

y sientes que mi fuerza te lastima?.

 

Ella –No hay fuerza que a mí me lastime

más no quiero ceder ante tus ruegos.

 

Él –Observa lo profundo de mis ojos

a nadie quiero tanto como a ti.

 

Ella – ¡Basta!... no des un paso más

que excitas con fuerza mis entrañas.

 

Él –Es lo que quiero de ti amada mía

abraza mi honradez por ser sincero.

 

Ella –Deja reflexionar si a ti me entrego

tal vez venga mañana decidida.

 

Él –No dejaré que partas sin que digas

has ganado mi amor... hazme tuya.

 

Ella –Mañana... por ti he de regresar,

déjame que caliente nuestro nido.

 

Él, se aferró a sus carnes fuertemente

desgarró su vestido transparente.

 

Ella impotente, cedió a esas caricias

ciega y abiertamente a su insistencia.

 

Porque a esa Dulcinea... su Josefina

¡al fin la hizo suya!... era la muerte.

0 comentarios