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Rhandi Reynard

CON DEDICATORIA

“Hay comentarios reflexivos; 

pero todo, todo… es puro cuento”. 

Rhandi

Sr. Dantón, le felicito sinceramente por el variado contenido de la revista La Pluma del Ganso núm. 50; que para mí, fue muy buena. Pero... me durmió. Le explico. Es la primera ocasión, después de tanto tiempo, que la leo de corrido. Al iniciar la lectura y después de cinco cafés... me echaron del restaurante, no crea que por no pagar, no, fue mi ropa de indigente. Seguí leyendo en el metro, el pesero, para concluir, recostado en mi catre de faquir. ¡Madre, cuánta letra!. Admirado de tanta sapiencia retórica, me sentí frustrado. Envidiando no ser un ente de, el rincón de Don... para acertadamente, bien o mal, opinar con fundamento al respecto. Postrado ante ese catre, el parche con hule cristal sobre el techo de cartón, permitía el paso del brillo de los luceros, que dan vida a mi jacal, así... me dormí. Mi sueño, éxtasis de ilusión, me llevó a un salón en que se reunían: políticos, ministros, embajadores y escritores. En ese interior, ¡estaba yo!; la diferencia, era extrema, ellos de pie, yo en cuclillas, ellos, en casimir inglés, yo, en harapos. Nadie se percataba de mi presencia, todos miraban de frente sin descuidar su monóculo. Entre invitados forzados, un niño, hijo de un comerciante mexicano. Se acercó a mí. – ¿qué hace usted aquí? –interrogó– pido limosna –contesté–, –¿pero qué cree que le den aquí?, no sé –respondí– sacó un billete nuevo de cien pesos –tome buen hombre, esto es lo que usted busca, retírese y deléitese con lo que encuentre. En ese momento, todos voltearon la vista hacia mi persona y en tono burlón al unísono, me gritaban: ¡lee, lee, lee, lee!. Desperté sudando. El billete de mi sueño ¡se había materializado! ¡Estaba en mis manos!. Tomé mi lupa para lectura nocturna, a la luz de la Luna, lo examiné desde varios ángulos, hasta que leí:

 

AMO EL CANTO DEL ZENTZONTLE

PÁJARO DE CUATROCIENTAS VOCES

AMO EL COLOR DEL JADE

Y EL ENERVANTE PERFUME DE LAS FLORES

PERO AMO MÁS A MI HERMANO EL HOMBRE

                                                                                                                                                                                                                   NEZAHUALCÓYOTL

 

¡Fantástico sueño! Pero... ¿qué me ordenaban leer esos dignatarios?, ¿el poema? ¿o las diferentes facetas del personaje?, ¿cómo el buen guerrero; el justo; el gobernante; el filántropo; el filosofo; el poeta; o el creador?. ¡No lo sé!, tal vez me indigesté con la lectura de los profetas de renglón excelso, y al final, nada sencillo para mí. Pero este sueño, ¡me ha dejado pasmado! y tarea para rato. Finales saludos. Sigan mostrándose plurales, hasta que su propia tinta, escupa, la verdadera esencia del mundo y del hombre, en toda la extensión de la palabra.

 

                                                                                                                                                                                            

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