MÁS QUE DOS
MÁS QUE DOS
A veces retrato mis palabras,
retoco mis fugaces silencios,
con pincelada incierta, tenue,
sin anhelar construcciones
mezcla de engaño artificioso.
Me alimento de la naturaleza,
de la sonrisa que traspasa
inaccesibles, empinadas murallas,
belleza de mujer sin tiempo,
madurez seductora, veintitantos,
inteligencia verdadera sin favores.
Del niño, interrogaciones, carcajadas,
la luz que todo renueva, revitaliza,
me gustan los destellos discretos
que me abrazan cuando camino,
voces seductoras que invitan a escribir
gloria o fracaso de otras vidas,
reencauso, mi verdadero tiempo
porque soy... polvo del camino,
centro de tormentas, con fragancia.
Mi confesor aplaudió mis arrebatos,
me abrazó con ternura en silencio,
perdonó injurias, me extendió la mano
en pocas palabras, me dejó ser... hombre.
Rhandi Reynard
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