TERQUEDAD UTÓPICA
TERQUEDAD UTÓPICA
Me gusta el oro, sí,
de la corona fundida,
no la maniobra letal
que todo enmudece,
no el renglón oportunista
siempre complaciente,
no el juego de la sombra
mecano sube y baja,
no la estridencia que fulmina
la inocente risa infantil
señuelo, señuelo por escudo;
no el rey de corona perdida
que hoy, su miedo refunde...
plomo bañado en cobre
rúbrica, de visible escombro;
sí, al cálido color del oro
pero más, siempre más,
al ser que su mano construye
y, por su palabra... es hombre.
Rhandi Reynard
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