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Rhandi Reynard

VISITA

VISITA

VISITA

 

Todo, todo cambiado, el piano, derribado por la polilla, sus cuerdas duermen tranquilas, aunque ansiosas que alguien, les haga vibrar, esas, que siguen esperando tu presencia.

 

Las termitas, camino hicieron a los cuadros, al librero, devoraron hambrientas de saber, las letras principales, que cedieron sorprendidas, dóciles, sin gesto de violencia, sin abrir cubiertas. No sabía si llorar o derrumbarme, ante esos laberintos apocalípticos.

 

Crucé la puerta que comunica al jardín, ocultas entre la maleza, dos cubetas de hierro, protegidas aún, por la galvanoplastia, pero seco el ojo de agua, donde tus manos las llenaban, para embellecer ese lejano, pero extraordinario paraíso.

 

No estaba el espejo, reflejo del sol del medio día, se cubrió de polvo y resistentes telarañas. De todos los árboles frutales, hoy desnudos de existencia, destacaba el limón, sembrado por tus manos, se negó a sucumbir, ante el silencio del canto y encanto de tu suave voz, nubes de gran blancura sobre él posan, mostrando al caminante nueva vida; a qué profundidad ocultas venas del corazón secreto dan su savia, para seguir ofreciendo frutos verdaderos, avergonzadas las espinas, cedieron al trayecto de mi vista.

 

Adiós, adiós dije al recuerdo, adiós encantadora Reina, dejo aquí mi equipaje a las termitas que no descansan, para que se vayan de viaje a otra parte. Cuando otro caminante o despierto huésped recorra suavemente esas teclas del descansado piano, dará vida, al eterno silencio... que hoy nos guarda.

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