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Rhandi Reynard

PERORATA DOMINICAL

PERORATA DOMINICAL

PERORATA DOMINICAL

 

Domingo primero de diciembre de 2013. En el planeta México, ¿Colonia?... qué importa.

 

                                                                                              Soy creyente inamovible,

                                                                                             pero mi fe, en ocasiones...

                                                                                             me confronta.                                                                                                                 Rhandi Reynard.

 

 

Hoy, amaneció el día frío, poco a poco soleado. Mientras caminaba por el camellón arbolado, cercano a casa, me llamó la atención un letrero sin fecha, que comunicaba a los allegados y vecinos el entierro de la abuelita "Chicha" cuya arquitectura había por fin derruido el tiempo, la conocí en vida, cuando pregunté cuál era su nombre "Narcisa" -contestó ¿el suyo? -R. R. -contesté.

Salía de su casa tarde, pero aún por la mañana, sentada sobre una piedra, siempre en la sombra; cada ocasión (esporádica) que yo pasaba, combatía altamente concentrada los mundos microscópicos que la embestían silenciosos en la frazada con que cubría sus piernas, pero al saludarla, no perdía su franca sonrisa.

Un día, a mediados del mes pasado, al preguntarle cómo estaba, la respuesta fue contraria, y agregó: ¿Dónde vive usted? -cuadras atrás, pero sobre esta misma avenida. La siguiente petición me hizo tambalear y cuestionarme yo mismo internamente. Écheme usted su bendición -solicitó con la misma sonrisa de siempre que congeló mis dudas, ella así lo deseaba, con la formulación correcta en mi mano derecha, dibujé en el aire con dirección a su rostro, el delta perfecto sin cuestionar su vasto simbolismo, ¡gracias! -dijo sonriente.

 

Jamás nadie, me había impuesto reflexión tan profunda, Diciembre es así, impone reflexión y esperanza al pobre, al miserable, al rico verdadero y al rico burgués que le da por "Atar a los perros con longaniza".

Mi vecino ha perdonado a un guajolote, después... con el mejor vino se saciaron con el resto de la misma especie, misma granja o de otra. En México festejamos al niño, tradición y leyenda, ese que no cuestiona, sonríe, pero al niño físico, de carne y hueso, lo que entreteje al mundo, pronto le quita la sonrisa y la bondad, para atropellar aquello que hoy es indeseable ante sus ojos de adulto con privilegios especiales que cambian el color original de la verdadera técnica de empavonar.

 

Hagamos reflexión sobre los niños que hoy conocemos o creemos conocer, esos, clave de nuestra perpetuidad, grandeza o miseria; sin clasificarlos, como buenos o malos, otórgueles de corazón, el perdón  (sin peroratas) pero... no se los coma, tal vez ellos sean águilas o halcones y usted gusano, o viceversa. Tampoco se admire o se asuste de lo que resulten, si nunca fungió como su primer maestro o maestra.

 

Me gusta releer "El Principito", pero también al otro, al que inspiró la ambición de Napoleón y no encontró la esencia del Hijo del carpintero. Si tú, niño, joven, hombre (padre), abuelo. Tú, niña, jovencita, mujer (madre), abuela, has llegado a este punto de lectura, ¡Sonríe!, la vida no es para tomarse en serio, a cada etapa corresponde su momento, todos podemos sembrar, cosechar y descansar satisfechos, nunca llores, no pidas perdón, el fruto que coseches... es el resultado de lo que decidiste sembrar, despierta cada mañana (si alguien hace que amanezca) con la comisura natural de tus labios entreabiertos y que cualquier evento que descubran tus ojos, entre ellos, Navidad, Año Nuevo, Reyes, sean contigo y a tu particular manera, ante la sombra o la luz de un nuevo día, simplemente sonríe, sonríe, sonríe... al que pasa.

                                                                       Así sea.

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