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Rhandi Reynard

POST MORTEM

POST MORTEM

 

                                                     Los hombres capaces, cumplen, dejan huella,

                                                                          pero nadie asegura, que regresarán al hogar...

                                                                          para ser felices.

                                                                                                                                                                                                             Rhandi Reynard

 

Cuando el vaivén del inmenso mar lleva tu barca hasta la isla, sin opción y cansado de vagar, cohabitas en ella, te cautiva el Canto de las Sirenas. Luz y sombra sonrientes te saludan, las ignoras; cuando intentas regresar, el retorno se hace eterno, mientras duermes, alguien que te acompaña en tu osadía y cree injusta la paga, desata la furia de los vientos, el error, lo castigan los dioses, que tratan de ahogarte en la tormenta. Aún estoy aquí, en la batalla, yo lucho por conquistar el regazo de Sofía, tú, por Helena te ausentaste.

 

Ulises 14-17 de Octubre de...

 

"Siempre te recordaré Noble guerrero"

 

Rhandi Reynard

México, 17 de Octubre de 2013

 

 PARA SIEMPRE 

 

 

El optimismo, la contemplación del tiempo de gestación, la deseada espera de un feliz alumbramiento, me sitúo a la entrada de un hospital, donde la impaciencia impidió sentarme. La llegada, por fin conquistada, afloraba alegría al saber que había nacido el hijo que esperaba me sucediera en todo, aquel en quien corregiría con amor y paciencia todos los defectos que en mí fueron, como lo hace el artista que perfecciona con delicadeza su obra maestra. La buena noticia intensificaba el brío en mi trabajo, hasta el más modesto empleado me felicitaba.

El primer día, lo vi tras los cristales, en su cuna dormido, imaginé su mirada, su sonrisa. Mas el segundo día, rodeado de médicos estaba, dictaminaban, un mal congénito, “Ictericia”. Mi alegría se esfumaba, mi concentración se hacía nula; la gente me levantaba el ánimo, pues para este mal era el noventa y cinco por ciento de posibilidades de que todo resultara bien. Después de una fallida terapia, la decisión médica final, era el quirófano; el porcentaje de posibilidades a favor no cambiaba... había  esperanza.

 

Tercer día, espera eterna, para que los médicos concluyeran: –“Hicimos todo lo humanamente posible, pero su corazón no resistió”. Las luces se apagaron, el sol regresó la noche, de mis ojos rodaron lagrimas de impotencia, me perdí en un abismo de dolor, incredulidad y muerte, porque en ningún momento mis brazos experimentaron el calor de su cuerpo; el frío de su silencio me enterró para siempre. Dios procuró que su hijo naciera en esta tierra, lo hizo mortal, lo vio crecer, se halagó de sus actos, después de complacerse, le otorgó vida eterna.

 

Yo en cambio, vi mi esperanza perdida, mis ilusiones rotas. No volvería a ver su rostro que imaginé sonriente, fue mi ataúd en vida su recuerdo. Mi fe, quebrantada, mi dolor, sin respuesta. Como padre, no tuve en quién poner mis complacencias, en quien mi humana obra continuara, quién ese apellido preservara y diera fe que amé la vida. Todo esfuerzo, toda esperanza resulto vana, porque el hijo nacido de mi sangre, sólo existió un momento... para siempre enterrarme.

 

Del libro "Locura"  R. R.

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