RESIGNACIÓN
Llegué a la intimidad de tu aposento
cruzando cada espacio a hurtadillas,
tomando por asalto esa tu alcoba
busqué afanosamente algún destello.
Cómo el gato montés ante su presa
me movía sigiloso, cauto, abierto
seguro que mi presa, ya sin prisa
cayera doblegada ante mis garras.
Te vi tan indefensa, tan tranquila
un reproche en mí, de cobardía
me regresó de nuevo, como entré
a esperar mejor la luz del día.
Tomé una rosa del huerto de tu casa
guiado por sus espinas, la besé,
sentí, que hube besado esos tus labios
contento, sonriente, complacido me alejé.
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