DE ESE EDÉN
DE ESE EDÉN
Radiantes tulipanes
del edén, tu balcón,
donde los luceros
tu silueta veneran
desde el mundo exterior,
que proyecta perfecta
una lámpara tenue,
una sombra discreta
se mueve sin malicia
y mientras la contemplo,
ruego al Dios de la vida
que de ese edén mañana
me convierta en Adán.
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