Blogia
Rhandi Reynard

RESCOLDO

RESCOLDO

RESCOLDO

 

Llegué de noche, entraba la madrugada

no quise atravesar el centro de nuestro idilio,

trataba de encontrar la vereda aquélla

que me llevó hasta… ya hace mucho,

todo era diferente, casas, más casas nuevas

la calle empedrada que me llevaba a ti

rellena y forjada de elegante concreto

las casas campiranas hoy, grandes residencias

todas con su garaje y troca americana,

se terminó el concreto, seguí subiendo

el último poste de alumbrado público

quedó detrás de mí, a mucha distancia

había luna, hermoso cielo azul, estrellado

el concierto canino cambiaba intensidad

el olor a fantasma citadino los inducía;

debía ser tuya todavía, la última cabaña,

esa noche estrellada, no permitía penumbra

me detuve por fin, el último ladrido,

silenció su amenaza y comenzó a lamerme,

dónde está mi María –le dije casi quedo

pero el ocote aquel que ardía dentre la choza

encendió la vereda –Quién anda ahí duque

soy yo María –¿Pero… quién eres tú?

–Yo Jacinto – ¿Jacinto? –No te creo, identifícate

“Han nacido en mi rancho, dos arbolitos”

y tú, seguiste el ritmo ante la luna

que juntó nuestras voces en un tono,

me tocaste la cara, había lágrimas

nada de lágrimas  –dijiste –Aquí estoy

dónde querías que fuera, si te espero,

al entrar al jacal, no había cielo

había más luz afuera, adentro, puro tizne

removiste las brazas, atizaste más leña

a ese fogón que nunca, apaga la ceniza

de aquél cántaro, hecho de barro negro

vertiste agua, me diste un té de azahar,

te recargaste en mí, aún de madrugada

desátame las trenzas, sonriente me dijiste

entraron por los rizos, toditas las estrellas

apagaste el ocote y a la luz del fogón

contemplé tu hermosura, silueta de mujer

rodamos por la tierra ahogados por el humo

la flama se extinguió, al compas de tus besos

hizo de aquél rescoldo, la tormenta de amor.

Al bañarnos de luz, el sol de la mañana

te entregué aquellas flores, limpiando de maleza

esa cruz de aquél cerro… que te dio libertad.

0 comentarios