EQUIVOCACIÓN
Desde mi adolescencia llevé conmigo una personal forma de interpretar el amor (en toda la extensión de la palabra), en mi juventud lo disfrutaba, pero también lo enfrentaba, casi siempre fue para mí “amor propio”, que compartido.
En el amor, no es necesario corresponder de forma idéntica, más bien, respetar la opinión contraria. Pero en mi juventud, todo, todo, absolutamente todo, fue... hermoso. Dejé huellas de amor indeleble y odio profundo hacia mi persona, tan sólo por vivir a mi manera, no me arrepiento.
Todo ser humano tiene una interpretación literal o vivencial, sobre ésta sencilla pero trillada palabra, pronunciada en algún momento de su vida. Cuando imberbe era, se presentó al público una película, con un conocido tema musical, una frase y un póster; la película, nunca la vi, pero hice mía la frase, porque creí entenderla.
El póster, lucía sobre una pared de mi departamento de soltero, al calce de la joven pareja decía: “amor es... nunca tener que pedir perdón”. Esa frase, envaneció mi orgullo, porque cuando en el amor, yo ofendía o me ofendían, jamás, pedía perdón, me alejaba, hasta que la otra persona se disculpara, si no lo hacía, la evadía, no me doblegaba ante la soberbia de otros (pero en realidad el soberbio era yo).
El tiempo fue transcurriendo. El sentido de aquella frase para mí, iba cambiando. Poco a poco entendía, que para que el amor sea duradero, debe abrazarse con prudencia (el amor siempre busca el bien), el verdadero amor... no crea dependencia, no condiciona, simplemente, es una forma de vida con sus pro y contra.
Después de entender esto, mi razonamiento sobre la frase, cambió. Hoy comprendo, que es la forma correcta de entender el amor, con los pies sobre la tierra. En el amor no hay que ofender, pero lo más importante, evitar sentirse ofendido y más, cuando no hay razón. Es válido equivocarse, eso es cierto, pero también es válido reconocerlo.
El enojo, es como una acémila, que de pronto se detiene negándose a seguir por la vereda siempre recorrida, su intuición le advierte, que hay algo malo oculto en el camino, por el que a fuerza, se le quiere hacer transitar.
Sin provocar daño irreversible, es necesario bajarse del pedestal, para buscar, qué hay oculto entre la maleza. Por eso, a cuantos haya ofendido en alguna forma... ¡perdón!, sólo por hoy, he cambiado la redacción de la frase; a causa de tantas equivocaciones en mi vida.
Rhandi Reynard
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