LO FRÍO DE SU AUSENCIA
Si tienes quien te quiere, adoleces
cuando hay brazos que te esperan
esas caricias indolente rehusas
cuando ven que te tardas... desesperan.
Cuando llegas, el ímpetu se apaga
porque así tu tardanza lo dispuso.
tu orgullo entre tinieblas vaga
por ignorar caricias en desuso.
Llegas pensando, que deben esperarte
abiertas a ese, tu desvelo alocado
por esa liviandad tan humillante
sólo encuentras amor... adormilado.
Al día siguiente ignoras todo aquello
fingiendo amor por simple conveniencia
te marchas nuevamente con orgullo
agradeces sonriente, su obediencia.
Nadie tiene paciencia tan constante
que los brazos de esa, que ante el altar
juró respeto y paciencia permanente
y que sólo la muerte, los ha de separar.
Ahí estará... el tiempo que decidas
sin pedirte un cambio en consecuencia,
mas cuando quieras caricias compartidas
vas a sentir lo frío de su ausencia.
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