PA QUÉ PUES...
¿PA’ QUÉ PUES...?
(Cuento)
Con lo poco que gane en una temporada, allá en los yunáited estéits. Compré una parcela. Sembré primeramente maíz, pero... después de tres cosechas, la mazorca empezó a darse muy raquítica. El temporal ha cambiado, el abono, ya no surte el mismo efecto. Así que vendí otra vez mi parcela y compré ganado vacuno, y otra vez lo mismo, el forraje escaseaba. Contraté a un vaquero para que los llevara a pastar al cerro, pero quién sabe qué hacía, cada vez que los regresaba al encierro, faltaba uno o dos animales que nunca aparecían, ¡puras pérdidas!
–Cría gallinas, –me sugirió Juan José–. Pero... otra vez lo mismo. Como maldición, cada mañana, faltaba una o dos ¿motivo? los coyotes. Aunque cerqué el corral, seguía sucediendo lo mismo, sólo quedaban tres gallinas. Transcurrió una semana, allí seguían, después de quince días, la ganancia. ¿Cómo? lo ignoro, pero apareció entre ellas un ganso muy bonito, ya eran tres, más uno.
Un día pasaron dos señores, uno alto y otro chaparro venían a pie, parecían gente letrada, vestían de traje. Cuando se emparejaron a mi casa pusieron cara de asombro. – ¿Cuánto por las gallinas?; yo, estaba incierto, pensé que habían reconocido al ganso. –Doscientos cuarenta pesos, les dije. -Las queremos vivas, no azadas –dijeron en tono burlón–. –Ciento veinte, y nos incluye de pilón al ganso. -Ciento veinte por las tres, el ganso me lo quedo. –Ni modos –dijeron- y se las llevaron. Al poco rato llegó Juan José. Me contó que en la tienda de don Jacinto, pararon éstos a tomarse una cerveza. Los notó sospechosos, de por sí, como juereños eran sospechosos para cualquiera. La plática, a Juan José, le pareció más sospechosa, por lo que paró oreja discretamente, mientras decían:
– ¿Qué te parece?, se las encargamos a alguien, regresamos, y de una vez por todas... lo matamos.
–Tenemos que esperar a que oscurezca para que nadie nos vea.
Cuando Juan José reconoció las gallinas, hasta entonces le cayó el veinte. ¡Se quieren echar al plato a Nacho! –Por eso vine a ponerte al tanto Nacho, enciérrate bien, esos tipos se ven de pocas pulgas.
Atranqué hasta las ventanas; después... dormí como nunca. Muy temprano, llegó Juan José.
– ¿Cómo amaneciste Nacho? – ¡Muy bien Juan José!, creo que no la traían conmigo. –Pero... ¿te pagaron las gallinas? –Sí, se las rematé en ciento veinte, pero de pilón, querían al ganso. –Como voy a regalar este ganso que me cayó del cielo, ven, para que veas ¡qué chulada de animal! – ¿Pos on tá Nacho?
–Hijos de su rejega... regresaron por él, ¡mira este letrero! “Hay le dejamos una Pluma del Ganso, para que se acuerde de nosotros, ¡ja, ja, ja, ja, ja!”.
– ¡Mendigos!, ¡una pluma!, a mí, pa’ qué pues me sirve una pluma...
Rhandi Reynard
0 comentarios