EL GRITO
Domingo, día natural de descanso, se siente el ambiente de este día en casa, sin embargo, no hay ese sabor a hogar dominical, todos mis hijos han salido desde muy temprano a festejar el día (15 de Septiembre) con sus amigos, estamos solos mi esposa y yo.
Nos pasamos pensando que hacer durante el día, no es conveniente continuar la rutina en casa, así que decidimos salir a pasear únicamente los dos. Nos dirigimos al zócalo de la ciudad de México, la estación del metro Pino Suárez y adyacentes están cerradas, la más cercana nos dejó sobre el eje central Lázaro Cárdenas; ¡cuánta gente!, son las dieciséis horas con cuarenta minutos, el sol, ¡muy agradable!.
En la esquina con Madero, un organillero complementa el ambiente con las notas salidas de ese aparato entre sus manos, que entona la Adelita.
Los vendedores ambulantes, establecidos en esta calle que desemboca en el zócalo, ofrecen sus artículos; dibujos varios, en verde, blanco y rojo sobre el rostro, o donde la gente los pida, perfectamente confeccionados en color blanco sobre una malla de serigrafía el águila del escudo nacional, con el toque final de una raya verde a la izquierda y roja a la derecha del mismo, simbolizando los colores de la bandera mexicana.
La venta de playeras, paliacates, cornetas, pulseras, cadenas, sombreros, blusas regionales, muñecas de trapo, huevos rellenos de confeti, botes de espuma comprimida, dulces regionales, matracas, banderas; son tantos los objetos expuestos que sería extremadamente difícil describirlos, ya que existen en todos los tamaños y diferentes materiales; pinturas al óleo en madera, sobre discos compactos y en marcos de tela puestos a la venta por el propio artista orgullosamente mexicano.
Todo, todo, es una verdadera romería. Al arribar al zócalo, la vista se halaga con la gigantesca bandera en lo más alto del asta; los oídos se deleitan con la música mexicana poesía pura, en voz de los artistas que cantan en vivo sobre un gran estrado, su voz provoca nostalgia, emoción y júbilo; al invitarnos a cantar en coro, los bellos de los brazos se erizan al sentir en carne propia el contenido de la letra de la canción mixteca; no se nota diferencia alguna entre tanta gente, todos parecen hermanados bajo un mismo signo, el de la bandera. El color de la piel, cubre una gran gama, desde el oscuro, hasta el claro francés o gabacho anglosajón, los ojos negros, verdes o azules, contrastan con el verde, blanco y rojo.
Estábamos inmersos, en esa embriaguez que provoca un aniversario más de la Independencia de México, este país que ante la gloria, saqueos, injusticias, calamidades, hambre, sigue y seguirá siendo grande por su gente.
Entre pasear y pasear de un lado a otro, mucho antes de que el Presidente salga a dar el clásico grito. Yo me adelanto, con un grito ahogado en mi interior, cuando me doy cuenta que me han robado la cartera. Este vil acto sobre mi humilde persona, termina con un grato recuerdo de antaño, la cartera no llevaba dinero pero sí, la única foto que nos tomamos hace cincuenta y tres años mi esposa y yo cuando estábamos llenos de juventud, llenos de ilusiones, cuando aguantábamos sin protestar todo lo que viniera sobre nosotros. Para descargar mi coraje, entre júbilo y lagrimas, ahogado entre tanta gente grité ¡Viva México!... Caaaaa.....riño, ya nos fregaron.
México, 15 de Septiembre de 2002
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