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Rhandi Reynard

MALDITA DROGA

Sufrí, como sufren muchos jóvenes,

jóvenes nécios, cobardes o precoces,

que asumen falsos retos y confusos

inclinan su vida a tentaciones,

sin aplicar un poco de autoestima.

 

Por la avaricia de adquirir dinero

al tráfico de drogas me entregué

para caer sumiso ante su engaño,

aquellos años mozos en tinieblas

mi vida, mi mente, perdió la libertad

consumido y enjuto mi cerebro,

encontré en ese núcleo droga y sexo

asqueado a la hora, al efecto atenuar.

 

Francisco, casi hermano, fiel seguidor,

agonizaba ingenuo, ante una sobredosis

y yo jamás busque el auxilio exterior,

con palabras y gritos lo animaba,

¡brother, despierta! no aguantas nada,

ante la negativa, en sus brazos dormí,

ya no recuerdo el tiempo transcurrido

me heló la sangre un témpano de hielo

terriblemente asustado... me retiré

¡estaba muerto! postrado ante esas minas

donde sin cobertores auqel día,

sentí los huesos fríos... de la muerte.

 

No sabía qué decirle a su familia

aquella, que ignoraba nuestras juergas,

que al igual que mis padres, con empeño

honrados, trabajaban en busca de dinero,

confiando que salíamos a estudiar;

¡vamos Pancho despierta! le gritaba

no me escuchaba y me puse a llorar,

el tiempo transcurrió más lentamente,

hasta que ese su padre, nos encontró,

yo, como loco gritaba, ¡soy culpable!

sin que su padre, volteara a vir a mí.

 

Guardé silencio... al ver que a Pancho

lo levantaba en vilo, absorto, su papá,

con él entre sus brazos, vista humilde

al cielo en negación interrogante,

me conmovió mirar, su rostro endurecido

que me hizo despertar de aquel letargo,

cuando una lágrima en su mejilla corría

como trueno gritó ¡Señor!... ¿por qué él?

¡hubiera sido yo!... que ya viví.

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