MALDITA DROGA
Sufrí, como sufren muchos jóvenes,
jóvenes nécios, cobardes o precoces,
que asumen falsos retos y confusos
inclinan su vida a tentaciones,
sin aplicar un poco de autoestima.
Por la avaricia de adquirir dinero
al tráfico de drogas me entregué
para caer sumiso ante su engaño,
aquellos años mozos en tinieblas
mi vida, mi mente, perdió la libertad
consumido y enjuto mi cerebro,
encontré en ese núcleo droga y sexo
asqueado a la hora, al efecto atenuar.
Francisco, casi hermano, fiel seguidor,
agonizaba ingenuo, ante una sobredosis
y yo jamás busque el auxilio exterior,
con palabras y gritos lo animaba,
¡brother, despierta! no aguantas nada,
ante la negativa, en sus brazos dormí,
ya no recuerdo el tiempo transcurrido
me heló la sangre un témpano de hielo
terriblemente asustado... me retiré
¡estaba muerto! postrado ante esas minas
donde sin cobertores auqel día,
sentí los huesos fríos... de la muerte.
No sabía qué decirle a su familia
aquella, que ignoraba nuestras juergas,
que al igual que mis padres, con empeño
honrados, trabajaban en busca de dinero,
confiando que salíamos a estudiar;
¡vamos Pancho despierta! le gritaba
no me escuchaba y me puse a llorar,
el tiempo transcurrió más lentamente,
hasta que ese su padre, nos encontró,
yo, como loco gritaba, ¡soy culpable!
sin que su padre, volteara a vir a mí.
Guardé silencio... al ver que a Pancho
lo levantaba en vilo, absorto, su papá,
con él entre sus brazos, vista humilde
al cielo en negación interrogante,
me conmovió mirar, su rostro endurecido
que me hizo despertar de aquel letargo,
cuando una lágrima en su mejilla corría
como trueno gritó ¡Señor!... ¿por qué él?
¡hubiera sido yo!... que ya viví.
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