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Rhandi Reynard

TRANSEÚNTES

Observo a quien pasa por las calles

a esa gente sin sonrisa, que camina,

de angustia idescifrable va su rostro

con más desesperanza en cada esquina.

 

No quieren ni siquiera alzar la cara

para admirar al sol tan reluciente

que nos alumbra sin condición a diarió

lámpara natural, sin precedente.

 

Un anciano camina lento, muy cansado

arrastrando en mano izquierda un fardo

de pronto lo detiene una luz roja

y le sorprende la avalancha de autos.

 

Una joven camina presurosa, desarreglada

mirando impaciente la muñeca de su mano

se detiene a cada instante preguntando

y mueve la cabeza, molesta, renegando.

 

Una señora va jalando de la mano

a un niño con mochila, corre y corre

el niño reniega y la maldice

y sin embargo, no cesa en su carrera.

 

De pronto, un rechinar, llantas de autos

por el sórdido ruido de una sirena

que entre lamentos, a gran velocidad

una ambulancia, pregona por la vida.

 

La gente no voltea para otro lado

tiene la vista fija y extraviada

el sol como jugando, se oculta y sale

pero la gente, ni de eso se percata.

 

Todo esto vi en la calle muy temprano

el desafiar humano, en gran ciudad

para iniciar labores rutinarias

en medio de una gran promiscuidad.

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