TRANSEÚNTES
Observo a quien pasa por las calles
a esa gente sin sonrisa, que camina,
de angustia idescifrable va su rostro
con más desesperanza en cada esquina.
No quieren ni siquiera alzar la cara
para admirar al sol tan reluciente
que nos alumbra sin condición a diarió
lámpara natural, sin precedente.
Un anciano camina lento, muy cansado
arrastrando en mano izquierda un fardo
de pronto lo detiene una luz roja
y le sorprende la avalancha de autos.
Una joven camina presurosa, desarreglada
mirando impaciente la muñeca de su mano
se detiene a cada instante preguntando
y mueve la cabeza, molesta, renegando.
Una señora va jalando de la mano
a un niño con mochila, corre y corre
el niño reniega y la maldice
y sin embargo, no cesa en su carrera.
De pronto, un rechinar, llantas de autos
por el sórdido ruido de una sirena
que entre lamentos, a gran velocidad
una ambulancia, pregona por la vida.
La gente no voltea para otro lado
tiene la vista fija y extraviada
el sol como jugando, se oculta y sale
pero la gente, ni de eso se percata.
Todo esto vi en la calle muy temprano
el desafiar humano, en gran ciudad
para iniciar labores rutinarias
en medio de una gran promiscuidad.
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